viernes, 27 de febrero de 2015

Una pequeña historia de la hija de un obrero que fue a la Universidad


Esta viñeta de Mafalda que me encontré buscando otras cosas, me ha parecido perfecta para reflejar lo que hace unos días me dijo una mamá:
-Esto que me has ensañado hoy es muy útil pero..."-, y se quedó pensativa, sin atreverse a mirarme.
- Pero ¿qué?, ¿hay algo que no te guste?- la animé a continuar. 
- Es que... yo quiero aprender a escribir bien.
- ¿Por qué?- le pregunté, conmovida por su interés. 
- Porque quiero que mi hija vaya al colegio y no se avergüence de mí.

Esta batallita de abuela cebolleta que os he contado, me ha hecho pensar mucho y recordar algunas cosas que tenía casi olvidadas y, entre ellas, aquel viejo lema: "El hijo del obrero a la universidad".

¿Os acordáis? Supongo que muchos de los que leéis estás páginas sí, ya que, también, compartimos generación y, muy probablemente, aquellas "manis".
Para los que ya sois de la ESO (sí, soy de EGB), con esta consigna pedíamos, allá por el final de los 70, principios de los 80, igualdad de oportunidades para acceder a la educación. Pedíamos que sólo se primara el mérito académico y que hubiera una política de becas que nos permitiera desarrollar todo nuestro potencial intelectual. Creíamos en el valor de la educación como medio de empoderamiento (palabra tan de moda ahora y que ya tiene una edad), de mejorar nuestra situación social, dejando de ser pobres, de abrir puertas al aire fresco.

Dejadme que os cuente la pequeña historia de una niña que tuvo el privilegio de ir a la universidad gracias, supongo que entre otras miles de situaciones azarosas que marcan las vidas de las personas, a dos circunstancias: un padre y una beca.

Yo aprendí de mi padre que ir al colegio era muy importante. Un hombre que me demostró ser muy inteligente, que me inculcó los valores más preciados que tengo, cuido y mimo cada día: la dignidad personal, la honradez, el respeto, la generosidad... Me enseñó, que, al que estudiaba el bachillerato, le llamaban Don, y que su hija, por lo menos, ¡tenía que ser Doña! Tenía que tener un futuro mejor que el suyo.

Mi padre era albañil (preciosa palabra que ha desaparecido, sustituida por un despectivo operario) y, prácticamente, analfabeto. Sabía leer y escribir pero no lo suficiente "de cuentas" para poder aspirar a ascender un peldaño en su trabajo. Le hice, con mucho esmero, las tablas de multiplicar y, juntos, aprendimos a multiplicar y a dividir, bajo la guía de mi hermana mayor, que ya era maestra. 


Fotografía tomada de: lasonrisadeloscipreses.org/breves-reflexiones/no-pasaran-pues-si-han-pasado


Una guerra injusta le impidió
 ir al colegio y le hizo adulto con sólo 10 años, teniendo que buscarse la vida e ir con su hermana pequeña a mendigar las sobras de comida de los cuarteles, en el Madrid del No pasarán, al que fue arrastrado desde un pequeño pueblo de Toledo. 
Fotografía tomada de: eltrabajonoshacelibres.blogspot.com.es/2012/11/los-ninos-del-exilio-de-la-guerra-civil.htm

Muy probablemente, ser niño de la guerra le llevó a ser republicano y comunista, fiel seguidor de Santiago Carrillo, al que votó, con mucho miedo aún en el cuerpo, (a pesar de que Jarcha nos recordaba continuamente en la radio y en la televisión que había Libertad sin ira) en aquella fiesta de las primeras elecciones democráticas y que viví cogida de su mano, aprendiendo lo que significaba la libertad y la democracia.


Foto tomada de: foto-cache.abc.es/jpg/7/7/1339693463677.jpg

Pero, además, todas estas experiencias, creo que le hicieron muy lúcido: lo importante es aprender, ir al colegio, saber, estudiar... y yo lo hice: estudié y fui a la Universidad. 

Nunca olvidaré el primer día, cuando, con un nudo en el estómago, crucé la puerta de la facultad de Filosofía de la Complutense, dispuesta, no sólo a llegar hasta el final, sino a dedicar toda mi vida a enseñar a los demás. Allí estaba la gente que sabía (luego descubres que no sabían tanto) y una enorme biblioteca llena de libros que yo quería devorar porque me abría las puertas a un nuevo mundo (os recuerdo que no había internet, ni ordenadores ni teléfonos móviles y, aún así, conseguíamos quedar para tomar las cervecitas en Huertas o Malasaña y disfrutar de la Movida madrileña).

Pude cumplir mi sueño gracias a la política de becas, porque, a pesar de que mi padre logró ascender en su trabajo, no había dinero suficiente para pagar la matrícula, los libros, el metro... Estas becas llegaron a partir del 82 y fueron impulsadas por una persona a la que debemos empezar a colocar en el lugar que se merece en la historia de este país: Felipe González. Si Adolfo Suarez hizo posible la democracia, Felipe González hizo posible el Estado de Bienestar, ese Estado de Bienestar que se nos ha ido escapando entre los dedos gracias al trabajo concienzudo de los "famosos mercados"  (me encantaría conocer a esos "señores" algún día) y a sus acólitos extendidos por todo el mundo.



Foto tomada de: psoepozoblanco.blogspot.com.es/2012/10/30-anos-del-82.htm

Fijaros en el cartel electoral de las elecciones del 82: EL CAMBIO. La ilusión de un cambio, la mirada de Felipe, perdida en el futuro que viene.


Hoy, taitatantos años después (haced vosotros la cuenta, que yo me siento muy mayor cada vez que la hago) el futuro es presente y me pregunto, a lo largo de todo este camino, ¿qué hemos hecho con aquella educación que tanto deseábamos y que tanto iba a significar? 

Para empezar, no sé cuántas reformas educativas sin sentido, ni medios, ni expertos y, por supuesto, sin contar con las personas que están en las aulas, dejando en manos de las Comunidades Autónomas unas competencias educativas, junto con sus partidas presupuestarias, que han generado que la geografía, la historia, la lengua... de este país tenga 17 interpretaciones diferentes y que no sea lo mismo estudiar en Madrid que en Sevilla o en Salamanca porque en cada una de estas ciudades hay condiciones diferentes para acceder a la universidad, a las becas, a las diversas opciones educativas.

Y podemos seguir con un sistema educativo que no se corresponde con las necesidades formativas de nuestro mercado laboral: ¡Venga ingenieros! ¡Venga arquitectos! Pero ¿cuántos albañiles, fontaneros, electricistas... formamos? Si algo aprendí de mi padre es que para construir una casa sólo hace falta un arquitecto pero unos cuantos albañiles¿Por qué la formación profesional de verdad no existe? ¿Quizás sea porque una buena formación profesional implica mucho dinero y unos empresarios dispuestos a invertir en formación y en el futuro de sus trabajadores?

Si me voy al siguiente escalón, nos encontramos con un sistema de formación del profesorado y de acceso a la función pública que se encuentra en el polo opuesto de la realidad del aula y que ni mucho menos elige a los mejores para confiarles lo más preciado de la sociedad: los pequeños.

Además, a los verdaderos artífices del milagro, los profesores, les hemos despojado de su autoridad, y pagamos el esfuerzo que realizan cada día con menos sueldo, exigiéndoles más y envidiando sus vacaciones. Les movemos constantemente de centro para que no prospere ningún proyecto educativo coherente y les quitamos más horas de clase en favor de un bilingüismo sin pies ni cabeza.

Y para colmo, en estos días, me encuentro con que se han malgastado millones de euros en una campaña institucional cuyo único objetivo es decirnos el plazo de matriculación de los niños en el cole y, claro, de paso, vendernos la cantidad de colegios públicos y concertados (que todavía no entiendo porqué siguen existiendo) tenemos en nuestra Comunidad y con cuántos profesores nativos en inglés contamos (supongo que habrán aprobado las oposiciones igual que todos los demás). ¡Cómo "mola" estar en periodo electoral!


Foto tomada de: citashacker.blogspot.com.es/2012/09/cita-de-enrique-tierno-galvan.html

Y mientras estaba haciendo este repaso a las desgracias del sistema educativo, me entero que los peques tendrán que volver a sufrir el martirio de aquel catecismo (que me imponía mucho porque en la portada estaba el Pantocrator de Taüll) lleno de preguntas que estábamos obligados a aprender de memoria: "¿Por qué soy cristiano? Por gracia de Dios y obra del Bautismo"(pongo las comillas porque lo recuerdo textual, pero leerlo con su musiquilla correspondiente). ¿Por qué la autoridad eclesiástica de este país nuestro no escucha a su Jefe antes de diseñar un plan de estudios que, vete tú a saber porqué, tienen que hacer ellos?



Foto tomada de: adiotierraviva.blogspot.com.es/2015/01/frase-del-papa-francisco.html

¿Creéis que esta sociedad, que hemos ido construyendo entre todos, le confiere a la educación el valor que realmente tiene? ¿Creéis que tiene sentido decir "niño estudia para que el día de mañana seas un hombre o mujer de provecho"?

No sé si tiene sentido o no, pero a mí, escuchar de una persona que, prácticamente no tiene nada para comer, "Quiero aprender a escribir", me hizo recobrar la fe y darle las gracias a mi padre y a tantos padres y madres que, trabajando muy duro todos los días de su vida, le dejan a sus hijos el mejor de los legados: UNA EDUCACIÓN.

Ayudemos a esos magníficos profes que cada día van al cole con la ilusión puesta, a pesar de todas las dificultades que encuentran, y hagamos entre todos que ese legado recobre su valor: apostemos por lo que realmente merece la pena. 

2 comentarios:

  1. Me parece el mejor artículo que has publicado en el blog. Y lo es por dos razones.
    Es todo un verdadero análisis de lo que estamos retrocediendo en pocos años (incluido en nuestra propia manera de ver el mundo).
    Me parece, además, un precioso homenaje a una persona que no necesitaba escribir para enseñar tantas cosas que nunca olvidaré, pues a las personas se las mide por todas esas cualidades que él tenía para derrochar

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    1. Gracias. Es un honor para mí recibir este comentario y aprender de uno de los mejores profesores que he conocido en mi vida. Gracias de nuevo por todo ese cúmulo de "saberes inútiles" que he aprendido contigo

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