miércoles, 4 de febrero de 2015

En busca de la felicidad perdida... La moda de ser felices


Desde Aristóteles (por poner un punto de partida) hasta hoy, en todas las culturas y en todas las civilizaciones (unas en este mundo y otras en el de más allá) la persona siempre ha tratado de buscar la felicidad. Unas veces ha sido disfrutar con lo que eres, otras con lo que haces, otras con lo que quieres conseguir... También ciencias como la filosofía, la antropología, la sociología, la pedagogía y la psicología se han ocupado de estudiar este anhelo de la humanidad.

La felicidad es un estado de ánimo y, por ende, subjetivo y relativo. Suele asociarse a emociones o sentimientos como la alegría, la confianza, el optimismo, la serenidad, la paz interior... y  hoy, parece, que es algo así como "disfrutar plenamente de cada momento de tu vida". Mires por donde mires, te están invitando a ser feliz, a buscar en cada minuto de tu vida la felicidad perdida. Parece que se ha puesto de moda "tener que ser feliz", que disfrutar como si no hubiera un después, ni un mañana, ni nadie al lado. Y ¿si no lo logro? ¡Qué agobio si no lo logro! Seré un bicho raro infeliz, por ser feliz. ¿Una nueva etiqueta más, "El infeliz"?

Y yo me pregunto: ¿por qué le ha dado ahora a todo el mundo la manía con que tenemos que ser felices?

Seguro que habrá miles de explicaciones sesudas que los pensadores de eso, que puede ser llamado la "post-postmodernidad", ya están trasladando a sus libros y describirán maravillosamente bien la importancia de ser felices. Pero yo siento otra cosa. Creo que están utilizando esta "necesidad urgente e imperiosa de felicidad" como una manera de centrar nuestro pensamiento en cada uno de nosotros:  sólo ocúpate de ser feliz; disfruta de cada minuto que vives porque es lo único que tienes.
Hemos pasado de recibir consignas de compra y progresa, compra y llega a arriba, compra y compra..., a "como ahora ya no puedes dedicarte a comprar, puedes dedicarte a ser feliz".

Me resulta muy incongruente que, en este momento histórico, donde vivimos como millones de marionetas movidas sólo por unos pocos a los que únicamente les interesa el dinero, donde la persona no tiene ningún valor, da igual que sufra, que no tenga para comer ni casa para vivir, donde los pueblos no son soberanos, nos pongan, como zanahoria al burro para que ande, la felicidad. Y especialmente me asombra todas esas teorías de la felicidad en el trabajo: ¿creemos, de verdad, que una persona puede disfrutar con cada minuto de su trabajo, cobrando un sueldo miserable, dedicando montones de horas y con el miedo permanente a que te puedan despedir? 

Yo creo en la felicidad, creo que hay que disfrutar con lo que haces y con lo que logras, con una buena comida, con un amanecer, con rato con los amigos, con la nieve, con... Sí, creo que la felicidad es simplemente sentirse bien con uno mismo y disfrutar con su vida.
Pero también creo que la felicidad es preocuparse por los demás, contribuir al bien común y preocuparnos por mejorar nuestro mundo desde la pequeña parcela de sociedad que representamos cada uno de nosotros.

2 comentarios:

  1. Me gusta el texto y estoy de acuerdo en la moda de ser felices a toda costa. Se es feliz cuando compartes, cuando reconoces al otro y a su vez eres reconocido, cuando sientes que importas a los demás, y los demás también te importan, cuando respetas y los demás te respetan. Somo seres relacionales.

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