sábado, 1 de noviembre de 2014

¡Hay un monstruo en el armario!




-¡Vicentito! ¡Vicentito! ¡Corre, ven!- lloriqueó el Koala- ¡Ven de prisa!
-Eso, corre, corre- insistió la Jirafita.
-¿Qué pasa?
-¡Ven corriendo, porfa! ¡Hay un monstruo en el armario!
- Vamos a ver, ¿qué os pasa? ¿Por qué estáis todos lloriqueando?
- Porque la puerta del armario está abierta y está saliendo el monstruo- explicó el Elefantito.
-¡Y nos da mucho chusto!-añadió el Rinoceronte, sin dejar de lloriquear.
-¿A todos os da chusto la puerta abierta del armario?- preguntó Ampalito asombrada.
-Sííííííí- contestaron todos entre hipos.
-¿Y qué se os ocurre que podemos hacer?
-¡Corre, corre, cierra la puerta que está saliendo una patita azul!- dijo el Koala, tapándose la cabeza con el edredón.
-¡No es azul!- gritó el Camello-. ¡Es rojo!
-¡No, verde!-chilló el Rinoceronte, muy enfadado.
-¡Qué no… ¡Qué es azul!- volvió a decir el Koala.
-No… ¿Es que no la veis? Es marrón- chilló la Jirafita, escondiéndose detrás de Vicentito.
-¡Vale! ¡Vale! Vamos a cerrar la puerta del armario y vamos a hablar de lo que pasa, ¿os parece?- preguntó Ampalito.
-Bueno…
-¿Veis? Ya está cerrada. Venid todos aquí.
-¿Seguro que está cerrada?
-Sí, Koalita, ya puedes salir de debajo del edredón.
-¿Seguro?
-Que sí, pesao,- dijo el Rinoceronte-. Ya está cerrada.
-Venga, sin llorar, contadme qué pasa.
- Pues… que cuando la puerta del armario está abierta…
-Sale un monstruo marrón muy feo…
-¡Qué no es marrón, Jirafita! ¡Que es verde!
-¡Rojo!
-Vamos a ver si me entero –dijo Vicentito- ¿qué hay en el armario: un monstruo de muchos colores o muchos monstruos cada uno de un color?
Los animales imaginarios se miraron unos a otros extrañados…
-No lo sabemos- respondieron todos a la vez.
-Dime, Elefantito, ¿tú cuantos monstruos ves y de qué color?
- Yo veo las patitas de uno gris.
-¿No lo has visto entero?-preguntó Ampalito.
-No, sólo las patitas porque me da mucho chusto y me tapo con el edredón y así no me ve.
-Vale, vale, no llores, pequeñito. No pasa nada…-le consoló Vicentito.
-Pero yo veo una pata gorda de un monstruo verde, -dijo el Rinoceronte.
-Pero tú, Rinoceronte, ¿ves las patitas del monstruo gris del Elefantito?
-No, sólo veo la pata gorda verde…
-¡Ah!, bueno, parece que cada uno veis un monstruo diferente.
-(S)í, (S)í, y (q)uita mis (e)uritos- añadió el Pulpo que estaba muy callado hasta ahora (Os recordamos que el Pulpo se come las letras y escribimos así lo que él dice para facilitar la lectura, nota del Elefantito)
-¿Te quita los euritos de verdad, Pulpo?
- Ummmm! (T)odavía no (q)uitado.
-Entonces, ¿te da miedo que te puedan quitar los euritos?
-(S)í.
-Y tú; Jirafita, ¿a qué tienes miedo?
-¡A que se acaben los colores y sólo quede el marrón y tenga que hacer todos los vestiditos de color marrón!¡Puajjjj! ¡Qué feo!
- Rinoceronte, a ti ¿qué te da miedo?
-Yo no quiero ser un Rinoceronte verde: yo quiero ser siempre amarillo.
-Camello, ¿por qué no te gusta el rojo?-le preguntó Vicentito ya empezando a entender que pasaba.
-No gusta rojo. En Túnez, primos que llevar guiris por el desierto tener manta roja. A mí no gustar: yo camello carreras y no llevar guiris, por eso venir con vosotros. No querer ser llevador de guiris!- y se puso a llorar.
-No te preocupes, Camello, no vas a ser llevador de guiris por el desierto – le consoló Ampalito acariciándole la cabeza.
Vicentito y Ampalito se miraron, comprendiendo: cada monstruo correspondía al miedo que cada uno de los animalitos tenía.
-¿Os parece que os enseñe un juego para que no tengáis chusto?- les preguntó Ampalito.
- Sí, sí, sí. No gusta chusto. No querer tener.
-¿Os acordáis de nuestra amiga la Totuga?-todos asintieron con la cabeza-. Cuando se asustaba, ¿qué hacía?
-Se metía dentro del caparazón y luego, cuando pasaba un ratito, salía.
- Pues vamos a hacer algo parecido. Cuando tengamos miedo, estemos enfadados, tristes… nos vamos a poner como si nos metiéramos en el caparazón como la tortuguita, así… Ponemos los bracitos por encima de la cabeza y nos hacemos una bolita. ¡Muy bien! Después vamos a contar hasta diez respirando despacito… y cuando lleguemos a diez, nos preguntaremos ¿qué me pasa? Hay que ser muy sincero y decir estoy enfadado, triste, asustado…
-¡Qué divertido! –dijo el Elefantito-. Cuando llegas a 10 estás menos enfadado…
Plofff!
-¿Que te pasa Camello?
-Caído, ¡no sale bien bolita! ¡Risa!
Y todos nos reímos.
-Y… ¿qué hacemos después?- preguntó la Jirafita, siempre impaciente.
-Preguntaros por qué estáis enfadados o asustados.
-¿Así? ¿(Es)toy (a)sustado (p)orque no (en)cuentro (ca)jita (e)uritos?
-¡Muy bien, Pulpo!
-¿Y luego?
-Preguntaros ¿qué puedo hacer?
-¡Claro! Puedo guardar tela de colores por si se acaban los colores.
-¡Bravo, Jirafita!-la felicitó Ampalito-. Cuando ya sabemos qué vamos a hacer… Salimos del caparazón y lo hacemos.
-Y ¿si no sabemos por qué nos pasa?- preguntó el Koalita
- ¿O no se nos ocurre que hacer?- añadió el Otro Koala, que ese fin de semana estaba de visita en casa.
-Muy fácil, Otro Koala: salimos del caparazón cuando sepamos cómo nos sentimos y como tenemos a nuestros amigos y a los papis, se lo contamos y seguro que entre todos encontramos la solución.
-¡Qué bien! ¡Qué divertido! ¡Muchas ideas y todos nos ayudamos!–dijo el Elefantito todo emocionado.
-¿Os gusta el juego?
-Síííííí. Hacer bolita de tortuga- y todos se pusieron a hacerse una bolita
-(R)isa, ya no chusto…
-¿Abrimos la puerta del armario para que veáis que no hay monstruos?
-Vale. Pero con cuidadito no quede alguno y se vaya a escapar-dijo Vicentito, riendo.
-¡Totuga! -gritaron todos los a vez mientras Ampalito abría la puerta del armario.

Desde aquel día, cuando estamos tristes, enfadados, tenemos miedo… nos decimos ¡Totuga! y ¡se acaba el chusto! Probar vosotros también.


En la Casita, comiendo buñuelos, el día uno de noviembre de 2014.

Amparo Gómez-Rey y todos los bichos.







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